Ayer fuí a un MC Donalds a tomarme esas ensaladas César que al principio prometen mucho pero te das cuenta de que en el fondo no hay nada.
Pues bien, en la mesa de al lado había una jauría de tropecientas niñas gritando y chillando a un estúpido juego de dar palmas y cantando una canción absurda, como ellas mismas. Pero cuando digo gritando y chillando, es gritando y chillando. Es decir, las niñas como los niños juegan y se divierten, e incluso pueden alzar la voz un poco, al fin y al cabo son chiquillos.
Pero estas niñas poseidas lo que hacían eran chillar pero a lo animal salvaje africano, y no se daban cuenta de que estaban en un restaurante dentro de un centro comercial y que molestaban mogollón a la gente que estaba al lado.
Alguien puede decir… pero, ¿no había nadie cuidándoles? Si, había 3 tipos, uno de ellos bailando al son de la canción, que ya es bastante ridículo y patético, una mujer mayor mirándoles sonriéndoles y un hombre mayor al lado mirándoles también con sonrisa diciendo «ah… qué niñas tan monas».
Pues no. De monas, nada. Gorilas de la selva profunda, oiga. Las niñas tienen que aprender un poco de educacion y si quieren jugar, que jueguen, pero que por culpa de ellas que varias mesas nos tuvimos que salir por que nos estallaban los oidos, es de mala educación.








