Además de un título absurdo, porque el miedo es una emoción y no se le puede adjudicar un color, el argumento en sí y su resolución es igualmente pasmosa y penosa.
En un pueblecito surge un monstruo que es ni más ni menos que el hombre-lobo, que cada noche que hay luna llena se va cargando a alguien. Al final es el cura del pueblo quien es el hombre-bobo, digo lobo, y es un par de niños junto con su tío incrédulo al principio quienes solucionan el conflicto y el problema.
En fin, esto es como todo: si os queréis reír, vedla. Pero evidentemente, desde aquí no la recomendamos. Es una de esas producciones locas que se hicieron en el año 1981.









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