Ridículo espantoso, espantoso ridículo
Las luces iban siguiendo a la ambulancia que viajaría hacia el aeropuerto. En la salida del avión, varias decenas de trabajadores con sus capas de plástico, mascarillas y otros utensilios iban a toda prisa pero con precaución bajando el valeroso cargamento que venía de África.
A pocos metros de allí, objetivos de las cámaras de televisión iban grabando ese acontecimiento que nunca había ocurrido en este país, el de acoger a alguien contagiado del ébola, la enfermedad mortal. Una vez cargado, ¡largaos, conductores!, que viene la policía custodiando cual Hombres de Harrelson esa ambulancia a toda virolla y con todas las luces encendidas para hacer el otro procedimiento que tocaba hacer: dejar al paciente en el hospital con todas las máximas seguridades que son oportunas. Mientras, el mundo entero observaba el espectáculo de luz y sonido.
Hasta aquí, bien. Ahora, el día después: una enfermera contagiada por que el protocolo seguido es basura, y todo lo anterior ha sido solamente un bonito espectáculo para quedar bien y dejar a España como un país de confianza. Y todo se ha ido al garete. Una terrorífica cadena de errores ha hecho que una enfermera esté a punto de morir (al menos a fecha de cuando se ha escrito este artículo) y el Ministerio de Sanidad ha quedado en el más absoluto ridículo espantoso, o espantoso ridículo si queremos hacerlo en forma poética.
Que si un médico dice que el traje le quedaba corto, que si la enfermera se había relacionado con 30 personas, todas bajo sospecha, que si las enfermeras dicen que solamente les habían dado un folleto explicativo y nada más y por eso no sabían nada de qué hacer , que si un camillero de la ambulancia empieza a quitarse el traje en mitad de la calle… es decir, tanto espectáculo de luz y sonido para después, hacerlo todo mal. Y ojo, que como empiece una epidemia en pleno Madrid y el turismo empiece a huir de aquí con los magníficos resultados que estaba teniendo estos años, mal acabaremos.
Esperemos que los responsables se hagan oír y que a partir de ahora las cosas se hagan mejor. Y, mientras, menos sacrificar a perros y más sacrificar a los responsables de este ridículo espantoso, o espantoso ridículo, como quieran.









Deja una respuesta