Las primeras palabras de su primer discurso a los cardenales y a los fieles que estaban en el Vaticano han sido bastante graciosas, sin duda: le gustaría una Iglesia pobre. Analicemos estas palabras.
El Vaticano ya se construyó hace varios siglos bajo amenazas de infiernos a las pobres gentes de la Edad Media, aparte de las famosas indulgencias, es decir: tu pecas y te dicen que pagues un tanto de tu sueldo y te perdonan. ¿Van a devolver todo ese dinero que fue a baso de amenazas?
Y los curas y cardenales, además del mismo Papa, van en coches oficiales lujosos, y por ahora no hemos visto a Francisco I ir en bici, precisamente. Si tanto le preocupa la magnífica riqueza que tiene la Iglesia, ¿por qué no empieza a repartir todo ese dinero que tiene el Vaticano?
Es muy fácil hacer 2 o 3 palabras y hacer unos cuantos chistes para hacer reir a los periodistas y tal, pero ¿dónde están las acciones? Vamos a ver si en los siguientes meses y años reforma la misma Iglesia y va cumpliendo todas esas frases graciosas que dice.









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