Centros comerciales llenos de luz, gente con bolsas comprando a la desesperada mientras sus tarjetas de crédito van echando humo… como sonido de fondo, incontables villancicos tan bonitos y pegadizos que te dan ganas de ponerte el gorro rojo de Papa Noel e ir saltando alegre y gritar «¡Viva la Navidad!». Un árbol gigantesco de Navidad en el centro normalmente de las grandes superficies comerciales, y en todas las tiendas tienen su propia música navideña y los adornos típicos navideños.
En la televisión, programas de Nochebuena, de fin de Año, películas estúpidas americanas que tratan de la Navidad y como al final parece que Papa Noel existe ante las tontas personas que lo niegan. ¡Qué anti navideños son, caramba!. Muchos programas especiales donde los presentadores más famosos de televisión les da por cantar y hacer aún más el cretino de lo que lo hacen el resto del año, y bueno, a comerse las doce uvas y celebrar el Nuevo Año. Ese es el espíritu de la Navidad que nos imbuye y nos llena y nos bombardea todos los puñeteros diciembres de todos los años.
Pero claro… ¿cuál es el verdadero espíritu de la Navidad? Pues son las grandes, enormes y estudiadas campañas de marketing de las grandes empresas como empresas jugueteras, de perfumes, de turrones y mazapanes, de cavas y champagnes, todo lo necesario para unas navidades «especiales»… Y la gente, a tragar, que es lo que toca.
Eso es por desgracia el verdadero espíritu. Vivimos en un mundo en el que lo que nos ponen nos lo tragamos. Estamos dirigidos por una campaña gigantesca de marketing y del que no podemos salir de ella. Y muchos lo saben, e incluso en periódicos importantes como El Mundo hacen artículos sobre la falsedad de la fecha de nacimiento de Jesucristo… pero da igual, es Navidad. Todos estamos en ese «maravilloso» torbellino comercial y de tradiciones y la gente no puede huir.
Son unas fiestas mentirosas y falsas, ya que se supone que reina la paz y la hermandad. Si, que se lo digan a los somalies, a los iraquies, a los paquistanies, a los millones de parados que no llegan a final de mes. Es una fiesta internacional a base de mentiras que a todos les tienen atrapados bajo el anzuelo de la permisividad comercial.
Y esto, se sigue repitiendo año tras año. Aquí concluye esta serie de artículos, dentro de la serie Desmontando Creencias, que trata sobre la Navidad. Esperamos que haya servido para aclarar muchas cosas sobre estas fiestas.








